La democracia según Nelson Mandela

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Nelson Rolihlahla Mandela fue abogado, político, líder del Congreso Nacional Africano y comandante en jefe de la organización guerrillero/terrorista Umkhontowe Sizwe – La Lanza de la Nación. Su lucha por una sociedad justa y democrática comprometida con la libertad y sobretodo con la igualdad entre razas  durante el durísimo régimen del apartheid, le significó 27 años de prisión. Nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, Sudáfrica y murió el 5 de diciembre de 2013 en Johannesburgo, Sudáfrica.

 

Cuenta Mandela en su autobiografía que pertenece a la nación Xhosa, la  misma está constituida por varios pueblos: los Zulú, los Swazi y los Thembu (su pueblo natal), en sus propias palabras: “La sociedad Xhosa logró construir un orden social equilibrado y armonioso, en el que cada individuo conocía su lugar. Cada Xhosa pertenece a un clan que se remonta a través de sus ascendientes hasta un antecesor específico. Yo soy miembro del clan Madiba, que lleva el nombre de un jefe Thembu que gobernó en el Transkei – una de las mayores divisiones territoriales de Sudáfrica – en el siglo XVIII. A menudo se dirigen a mi llamándome Madiba, el nombre de mi clan, como muestra de respeto.”

 

Mandela  estaba vinculado a la casa real de Thembu;  pertenecía a la “casa de la izquierda” o Ixhiba. La tarea de los hijos de la casa de la izquierda consistía en resolver las disputas reales: “Yo era miembro de la casa real, pero no me encontraba entre los privilegiados que eran instruidos para gobernar. Por el contrario, como descendiente de la casa Ixhiba fui educado así como lo fue mi padre antes que yo, para ser consejero de los gobernantes de la tribu.”

 

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Madiba tuvo una infancia en el campo, feliz y en contacto con la naturaleza. A los 9 años, tras la muerte su padre fue llevado a vivir al “Gran Lugar” – Mqhekezweni – la capital provisional de Thembulandia, la residencia del jefe Jongintaba Dalindyebo, regente en funciones del pueblo Thembu, quién tras la muerte del padre de Madiba se ofreció para ser su protector. Se comprometió a tratarlo como a sus otros hijos y a que disfrutara de las mismas ventajas y oportunidades que ellos.

 

Mandela mismo explica: “Las ideas que posteriormente desarrollé acerca del liderazgo se vieron profundamente influidas por el ejemplo del regente y su corte. En las reuniones tribales, que se celebraban con regularidad en el gran lugar, observaba y aprendía. Aquellos encuentros no se programaban, sino que se convocaban cuando eran necesarios. En ellos se discutían temas de trascendencia tales como la sequía, la necesidad de reducir el tamaño de los rebaños de vacas, la línea política impuesta por el magistrado o las nuevas leyes dictadas por el gobierno británico. Todos los Thembus eran libres de asistir y muchos de ellos lo hacían viajando a caballo o a pie”.

 

En estas ocasiones, Jongintaba se rodeaba de sus AMAPHAKATHI, un grupo de consejeros de alto rango que actuaban como parlamento y poder judicial del regente. Eran hombres sabios que atesoraban en sus cabezas el conocimiento de la historia y las costumbres tribales, y cuyas opiniones tenían gran peso.

 

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“El regente enviaba cartas a los jefes y mandatarios tribales anunciándoles la celebración de una reunión y pronto el Gran Lugar bullía de visitas importantes y viajeros precedentes de toda Thembulandia. El regente abría la sesión agradeciendo a todos su asistencia y explicando el por qué de la convocatoria. A partir de ese momento no volvía a decir palabra hasta que la reunión tocaba su fin.”

 

“Todo el que deseaba intervenir podía hacerlo. Era la democracia en su forma más pura. Existía una estructura jerárquica entre quienes tomaban la palabra, pero se escuchaba a todo el mundo, jefes y súbditos, guerreros y hechiceros, comerciantes y granjeros, terratenientes y trabajadores. La gente hablaba sin interrupción y las reuniones duraban muchas horas. La base de aquel autogobierno era que todos los hombres eran libres de exponer sus opiniones, e iguales en valía como ciudadanos.”

 

“Al principio me asombró la vehemencia – y la sinceridad – con la que censuraban al regente. No solo no estaba más allá de toda crítica, sino que de hecho era con frecuencia el principal blanco de ella. Por muy grave que fuera la acusación, el regente se limitaba a escuchar sin defenderse, sin mostrar emoción alguna. Las reuniones continuaban hasta que alcanzaba algún tipo de consenso. Acababan en unanimidad o no acababan. Sin embargo esa unanimidad podía basarse en el acuerdo de estar en desacuerdo, o en la decisión de esperar a un momento más propicio para proponer una solución. La democracia significaba que todo hombre tenía derecho a ser oído, y que las decisiones se tomaban conjuntamente como pueblo.”

 

“Solo al final de la asamblea, mientras se ponía el sol, hablaba el regente. El propósito de su intervención era resumir lo allí dicho y propiciar algún tipo de consenso entre las diversas opiniones. No se imponía conclusión alguna a quienes disentían. Si no era posible llegar a un acuerdo, se celebraba otra reunión. Al final del consejo un cantor de alabanzas o un poeta, interpretaba un panegírico de los antiguos reyes seguido de una composición, en la que se mezclaban los halagos y las sátiras, dedicada a los jefes del momento. El público, encabezado por el regente, rugía de risa.”

 

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“Como líder siempre me he atenido a los principios que vi poner en práctica al regente en el Gran Lugar. He intentado escuchar lo que todo el mundo tenía que decir antes de aventurar mi propia opinión.”

 

 

Nelson Mandela fue  abogado, político y líder del Congreso Nacional Africano. Pero por sobre todas las cosas fue un hombre coherente con su propia alma, comprometido con la dignidad de su pueblo  y un hermoso visionario  que se atrevió  a concretar  un sueño.

Gracias por inspirarnos.

 

Fuente: autobiografía de Nelson Mandela, por Paio Morelli

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